Las mujeres no necesitamos ser valientes sino ejercer nuestros derechos

Por Sofía Gordón. Jaén, Perú. 10 de abril 2017

Soy Sara Moreno soy docente y dentro de la mesa temática de género he conocido a muchas mujeres de diferentes realidades de zonas urbanas, de zonas urbano-marginales y mujeres rurales cuyas preocupaciones principales giran en torno a la subsistencia y a problemas de violencia.

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A través de esta mesa hemos trabajado para que se pueda incluir en el currículo de educación básica la igualdad de género para que los niños y las niñas puedan conocer estos temas y ponerlos en práctica en su vida cotidiana.

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Crecí en una familia patriarcal y machista pero aún así siempre fui una mujer con opinión propia, siempre supe tomar mis propias decisiones, probablemente por la influencia de mi madre. Mi papá no fue violento y por esa razón yo crecí pensando en que es posible vivir sin violencia.
En la mesa de género, en la que también participan hombres, estamos trabajando por hacer efectivos los derechos de las mujeres.
La idea es tener un espacio que nos permita la igualdad con los varones ya que supuestamente existen normas y leyes que nos protegen pero que en la práctica no llegan a hacerse realidad porque sobre todo en Jaén los índices de violencia contra la mujer llegan al 90%; y todo el Perú ocupamos el primer lugar en el tema de abuso sexual a niñas.
Las mesas de concertación son conformadas por organizaciones de la sociedad civil. En algunas regiones son más fuertes que otras, incluso algunas hacen contrapeso al Estado en decisiones de política pública local. En general el trabajo es voluntario aunque a veces se trabaja por proyectos, pero siempre y cuando estos no sean asistencialistas.
Trabajé en un proyecto que involucraba la descripción de los roles en la producción de café, la siembra, cosecha y comercialización y cómo las mujeres y los niños intervenían en todos los procesos. Reconociendo la importancia de su trabajo en un oficio que requiere de motricidad fina desarrollada.
Cuando se les preguntó a las mujeres en que gastan el dinero, ellas aseguraron que preferían gastar en educación. En cambio los hombres estaban enfocados a la producción; preferían comprar un terreno o una máquina de mejor con mayor rendimiento.
En otros ámbitos como la recreación, hay que reconocer que hay cambios, ahora sale a distraerse toda la familia, antes era el hombre quien salía a celebrar y se tomaba sus “chelas” gastándose los ingresos de la familia.
Creo que es importante valorar el trabajo de las mujeres rurales, su sentido de responsabilidad, su laboriosidad y su gran aporte a la alimentación y a los temas de cambio climático.
Volviendo a la problemática de la violencia de género, los casos en las áreas rurales también generan cifras altas, la cuestión es que estas mujeres no tienen espacios para denunciar y tampoco lo hacen por la falta de conciencia de esa violencia. Se ha demostrado que las mujeres urbanas denuncian más que las mujeres rurales.
Sin embargo hay espacios de intercambio y aprendizaje, las mujeres tejedoras por ejemplo. Estos espacios sirven para que ellas puedan discutir sobre la educación de sus hijos, las cooperativas que generalmente son conformadas por hombresy también para desnaturalizarbla violencia.
Un tema importante es el analfabetismo. Muchas mujeres inteligentes que hacen el ejercicio de liderar procesos en sus comunidades se niegan a asumir cargos de dirección porque no se sienten capaces al no saber leer y escribir.

El tema de liderazgo es complejo pero también la igualdad de género. Desde la educación se está haciendo esfuerzos por reconocer a hombres y mujeres pues hay roles en lo cotidiano en el currículo oculto que antes eran asignados sólo a hombres. En los espacios del colegio está naturalizado que los hombres jueguen fútbol y las niñas los miren, por ejemplo.
Los concursos de belleza también han sido criticados y cada vez hay menos colegios que tienen estas actividades.
También hay preocupación en lograr que las mujeres hablen y también en eliminar los estereotipos de género. En educación inicial solo hay docentes mujeres, mientras que en educación superior hay más docentes hombres que mujeres. En la directiva del pedagógico, por ejemplo, yo soy la única mujer.

La gente conservadora promueve la campaña “no te metas con mis hijos” que es la crítica a estos cambios pero desde la consigna de que no se hablé de sexualidad a los niños u de otras opciones de preferencia sexual. Mientras se da la espalda a problemas como la violencia sexual, la violencia en general y el embarazo en niñas y adolescentes.
Se ha distorsionado está discusión, pero lo bueno es que al menos lo ha puesto en la mesa.
A nivel de municipalidad en Jaén se elaboró un plan de igualdad de género que ya se está implementando con enfoque en salud y educación sobre todo, para lograr incidir.

Esto desde nuestro lado, pero aún hay mucho por hacer. El 70% del trabajo de la fiscalía es por juicios de alimentos y reconocimientos y los trámites duran años.
En los temas de violencia de género el problema es que aún no se ha resuelto qué pasa después de la denuncia. Generalmente, las vuelven a maltratar y los casos de feminicidios son alarmantes. No hay acompañamiento, hay un psicólogo para toda la provincia, es decir, para 98.000 personas de las cuales el 50% son mujeres.

La televisión nacional tiene mucha responsabilidad en la reproducción de la violencia. El Estado y la iglesia no se meten con los medios, porque hay intereses económicos involucrados.

La naturalización de la violencia está en todas partes, el chifleo en la calle, en las mismas aulas cuando el profesor les exige a las alumnas venir bien “arregladitas” para dar las pruebas y las alumnas no se quejan, se ríen. Me apena que les toque atravesar el país en estas condiciones.

Porque hay que empoderar a las mujeres no para que sean valientes, sino para que se reconozcan como personas con derechos.

En la educación es donde creemos que está la solución.

Con mis alumnos viajamos mucho porque salir de nuestra normalidad es abrir las posibilidades, ampliar el panorama.

A mí me apasiona el tema porque creo que es un acto de justicia y por eso debemos insistir hasta que realmente estemos equilibrados. Me impulsa la justicia porque se trata de la vida, de vidas que han sido afectadas.

Sara se despide con un recuerdo de las mujeres y un frasco de miel para endulzar nuestro camino.

 

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