Galia y Andrea: Calor y hogar en Malacatos.

Por La Guaytamba

“Comer es un acto político. Decidimos nuestros gobiernos cada 4 años. Elegimos nuestros alimentos 3 veces al dia.”

Máximo Cabrera.

Andrea nos esperaba en la plaza de Malacatos. Se había enterado de nuestro proyecto por Margarita y nos escribió días antes invitándonos a almorzar.Nos acompañaba caminando por un sendero de tierra mientras nosotras empujábamos nuestras bicis cargadas, hasta un riachuelo.

Entramos a la casa de Andre y su pareja y nos encontramos con dos familias que también fueron invitadas al almuerzo.

El mesón del centro de la cocina funcionó como vínculo para iniciar una charla entre desconocidos. La cocina y el fogón son la esencia de este hogar, un hogar que abre sus puertas para comer algo delicioso, participar en su preparación y además conocer sobre el origen y las bondades de cada alimento que te vas a servir. Todo es parte del proyecto de Naturaia.

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Después de casi un mes de pedalear a diario largas distancias nos sentimos más sensibles a los efectos​ de lo que elegimos, algunas comidas energizan y otras debilitan nuestro organismo. Por eso, es necesario volver a despertar esa sensibildad para usar los alimentos a nuestro favor y agradecer la sabiduría que nuestros ancestros han legado a través de esta alquimia, la cocina.

Me encuentro con otra de las mujeres​ detrás de Naturaia, Galia, quien durante toda la conversación me habla sosteniendo la mirada, mientras me explica como inició su cambio de hábitos alimenticios a partir de la muerte de su madre,

-Las emociones fuertes enferman. Yo perdí a mi madre y eso fue un shock en mi vida.

Galia Morocho nació en Loja pero eligió Vilcabamba como su hogar. Es vegetariana y por siete años se dedicó a desintoxicar su cuerpo de lo que durante toda su vida consumió sin consciencia. Así logró sanar y dejar en el pasado una enfermedad diagnosticada como crónica.

Andre, su ‘hermana cósmica’ como ella la llama, la acompaña en su deseo de compartir alimentos, productos y conocimientos que promuevan un consumo consciente y respetuoso con su origen.

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Naturaia incluye además un proyecto de toallas femeninas ecológicas inspiradas en el proyecto ‘Lunas ecológicas’ de Quito, del cual Gene es una de las fundadoras.

-Te sugiero mantener el proyecto en una escala pequeña – le dice Gene a Andre, tras conocer emocionada hasta dónde ha llegado su proyecto.

-Todo lo que tiene que ver con la sabiduría femenina y ancestral proviene de una fuente mayor, de la cual somos solo mensajeras. El negocio no es el principal objetivo de este tipo de proyectos, mas bien es el reeducarnos de mujer a mujer y conscientizar a nuestra comunidad sobre la importancia del ciclo menstrual. Cuando se intenta hacer solo un negocio de esto, simplemente no funciona. Mantén tu proyecto pequeño, creciendo de manera orgánica, ¡de mujer a mujer!

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Continúo la conversación con Galia durante el almuerzo, le comento sobre mi miedo a las defensas bajas durante el viaje. Mirándome fijamente a los ojos me da la mano y me hace sentir su calor.

-¿Sientes? Debes guardar este calor.

Lo sentí. Las manos de Galia tienen mucho calor, me recuerdan a las de mi abuela.

-Todas las enfermedades empiezan por un cuerpo frío, un cuerpo abandonado.

Debes volver a habitarlo y conservar ese calor.

Me recuerda al haramaki, una prenda de algodón que usan los japoneses para envolver el vientre y conservar su calor corporal.

Las mujeres, dicen, somos más ‘friolentas’. A diferencia de los hombres tenemos un órgano vital más, además del corazón: el útero. Es por ello que el resto del cuerpo se enfría al concentrar en estos dos órganos el calor que necesitan.

-Cuida a quién das la mano- añade Galia- pues le estás entregando tu calor.

Bajamos hacia el riachuelo,nuestras bicis nos esperaban ahí, nos recuerdan que a pesar de la calidez de los hogares que nos reciben, debemos seguir.

Hambre de hogar, hambre de mundo. Es la paradoja en esta vida nómade que hemos elegido.

Nos tomamos unas fotos juntas y nos despedimos prometiendo volver.

Abrazo fuerte a Galia y le agradezco por toda esa sabiduría que desinteresada y generosamente me ha compartido. Ella re-dirije el abrazo hacia la izquierda,

-“Mejor así” – dice. – “Abrazo con el corazón”.

Empujando a nuestras compañeras de dos ruedas, seguimos nuestro camino. Recargadas de buenos alimentos y energías nos vamos hacia Vilcabamba.

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