Lodo y piedras, la épica e inolvidable salida de nuestro país.

Por Genevieve Rajoy

Sábado, 25 de Marzo de 2017

  • Tramo: Loja – Taxiche – Malacatos
  • Distancia: 35 km
  • Niveles: 2100 m s.n.m.- 1500 m s.n.m.
  • Horas de pedaleo: 3 horas

Salimos de Loja, más tarde de lo planeado ya que salir de las ciudades donde hay gente y amigos, implica más tiempo para las despedidas. Tanto así, que nuestras queridas amigas Vero y Lore (de Loja) nos acompañaron hasta Malacatos en donde descansamos ese día.

Tuvimos una linda subidita hasta la entrada al Parque Nacional Podocarpus a 2.400 ms.n.m. y allí nos encontraron otros ciclistas, Patricia y Pato, presentadores de una radio lojana. Ellos que iban a Taxiche-Malacatos a la casa de Paty para una reunión de fin de semana con todo el equipo de trabajo, a la que nos invitaron también. Al inicio dudamos, ya que queríamos cumplir nuestra cuota diaria de kilómetros y llegar a San Pedro de Vilcabamba donde Sebas y su familia nos esperaba. También teníamos una visita pendiente con Andrea y Galia en su proyecto permacultural y vegano “Naturaia”.

Entrando en el Valle de Vilcabamba, la bajada fue espectacular, ¡tan verde y lleno de vida! Paramos a almorzar en Landangui y ellos (Paty y Pato) nos invitaron la comida.

almuerzo bajada a malacatos

Almorzando delicioso en Landangui!

Muy agradecidas y asombradas con la mágica situación, decidimos fluir con la magia y aceptamos la invitación. Al llegar a la casa de campo la emoción fue grande, la gente era amistosa, había piscina y estaban preparando una parrillada!

Ni bien llegamos, ya estábamos en la piscina disfrutando de la deliciosa agüita fresca y del maravilloso paisaje del valle. Compartimos la comida con las personas y Patricia nos explicó que podíamos acomodarnos en las habitaciones ya que ella no se quedaría allí esa noche y la casa estaba disponible para nosotras.

malacatos Paty

Nuestro hogar en Taxiche.

Ya instaladas, caminamos un poco y fuimos a conocer Malacatos que estaba cerca. Hicimos unas compritas y volvimos. También hicimos contacto con Andrea y Galia para ir a visitarlas al día siguiente. La decisión de quedarnos fue perfecta.

En la tarde, la fiesta se armó alrededor de un karaoke y como la mayoría eran personas con experiencia en radio y televisión, el show era de película; tanto así que Sofy, Paty y Gene nos juntamos para cantar algunas canciones. Luego hubo algo de salsa y disfrutamos también del baile.

Poco a poco la gente se fue despidiendo y nos fuimos a dormir. Una deliciosa ducha caliente y una camita nos esperaban, junto con la idea de un piscinazo antes de salir a pedalear a la mañana siguiente. Tuvimos dulces sueños.

Domingo, 26 de Marzo de 2017

  • Tramo: Taxiche-Malacatos – San Pedro de Vilcabamba
  • Distancia: 8 km
  • Niveles: 1500 m s.n.m.- 1600 m s.n.m.
  • Horas de pedaleo: 1 hora

Despertamos con ese delicioso clima característico de la zona y nos dimos un buen chapuzón, acompañadas del canto de los pajaritos. Luego aprovechando la cocina, amplia y cómoda, nos preparamos un super desayuno de domingo, el que compartimos con una familia que también se había quedado a dormir en la casa.

Nos despedimos y en poco tiempo logramos llegar a la casa de Galia y Andrea.

Luego de andar por un camino de tierra, arrastramos las bicis entre las piedras grandes y la arena de un río seco, donde las dejamos.  Allí nos estaba esperando una hermosa casa construida con técnicas de bio construcción, en medio de un lindo bosque y una hermosa familia. La cocina bullía de cosas ricas, comida vegana de excelente calidad con productos de la zona y amorosas manos ocupadas en cada platillo. Mientras algunas ayudaban en la cocina otras tuvimos una linda conversación con Pedro quien nos contó sobre el proyecto. Hablamos de la permacultura, la bioconstruccion, las leyendas de los cerros y árboles del sector, el jugo de guayaba y sus razones para salir de la ciudad y vivir en armonía con la naturaleza.

Pronto estuvo lista la comida y compartimos el delicioso almuerzo con una interesante conversación sobre la soberanía alimentaria y otras alternativas.

Fue especialmente grato para mí conocer que Galia y Andrea se habían inspirado para crear su emprendimiento en Lunas, un proyecto del cual participo en la ciudad de Quito.

Lunas es un proyecto creado y mantenido por varias mujeres desde hace más de 9 años, que consiste en el diseño, confección,  venta y difusión del uso de toallas femeninas ecológicas (de tela- reusables). Las chicas las conocieron hace algunos años y decidieron comenzar a confeccionar las suyas, creando su propia marca. Nos mostraron unas toallas, bien empacaditas, muy bonitas y pasamos un largo rato hablando del desafio que implican este tipo de proyectos y sus incontables alegrías y regalos.

Para conocer más detalles sobre esta warmifonia visita este enlace.

Aproximadamente a las 4 de la tarde, nos despedimos con algo de pena de no seguir compartiendo, pero nuestros siguientes anfitriones ya nos estaban esperando. Salimos hacia el sur y subimos un poco para encontrarnos con Sebas, Debora, Kaony y Kainá, que nos esperaban en el cruce del San Pedro de Vilcabamba, un pueblo cercano a Vilcabamba, donde tienen su casita cerca de su fábrica de granola y frutas deshidratadas.

El encuentro fue muy efusivo, la familia estaba contenta de recibirnos y hubo mucho para compartir porque Sebas viajó en bicicleta hace algunos años. Así conoció a Deby, su compañera y viajaron juntos por unos meses. Nos dieron un espacio en su sala y allí nos acomodamos entre piezas de artesanía, mullos y cuencos de mate. Esa noche conversamos hasta tarde de sus viajes; de África, ya que Deby es de Cabo Verde, de mapas y geografía. Sebas nos dió valiosos consejos sobre viajar en bicicleta y nos enseñó a hacer unas cuerdas resistentes tejidas de tubos de bicicleta viejos.

Nos fuimos a descansar tarde pero muy contentas, después de vivir un día lleno de intensas emociones y amistad.

Lunes, 27 de Marzo de 2017

  • Tramo: Descanso activo, subida al Mandango
  • Niveles: 1500 m s.n.m.- 1600 m s.n.m.
  • Horas de caminata: 5 horas
mandango subida

El mandango y su nariz.

Nos despertamos sin despertador! Luego de un rico desayuno, decidimos ir a caminar al Mandango, que es la montaña sagrada que reina en medio del valle de Vilcabamba. Sus hermosas paredes de roca y verdes pendientes, nos invitaban a conocerlas de cerca y para algunas de nosotras era un sueño pendiente de otros viajes a Vilca, el intentar llegar a su cima.

Fuimos en el jeep de la familia a Vilcabamba y Sebas nos dejó junto con Debby, Kaony y Kainá para iniciar la caminata. Debby hizo un pequeño ritual para pedirle al cerro que nos diera permiso para estar en él. Fue un día espectacular, el camino fue hermoso, con intensas pendientes que Debby hizo con Kainá a sus espaldas y que Kaony, a sus cuarto años, hizo con sus propios pies. Pensamos que la caminata sería corta, porque Deby conocía el camino y pretendía ascender con dos niños pequeños,  pero luego de casi cinco horas, llegamos a la cumbre. Compartimos unos ricos alimentos, disfrutando del maravilloso paisaje y luego iniciamos el descenso que tuvo un par de tramos complejos con pendientes de lodo y piedras.

cumbre

Una deliciosa cumbre en familia.

Al llegar al pueblo, buscamos un lugar para almorzar y compramos algo de comida para hacer una buena cena en casa. Fue nuestra última noche con la familia y la disfrutamos juntos, preparamos las cosas para salir temprano al día siguiente.

Martes, 28 de Marzo de 2017

  • Tramo: San Pedro de Vilcabamba  – Yangana
  • Distancia: 21 kms.
  • Niveles: 1600 m s.n.m. – 2000 m s.n.m – 1900 m s.n.m
  • Horas de pedaleo: 2:30 Horas

Nos despedimos de la familia con mucho afecto, llevándonos las alforjas llenas de granola, fundas con té y fruta deshidratada.

Para conocer más detalles de la historia de esta familia visita este enlace.

Bajamos hacia Vilcabamba, sabiendo que era una de las últimas oportunidades para comprar algunas cosas especiales como repelente natural y otras cosas. En esa espera, parqueamos las bicis en el parque, lo que hizo que alguna gente se acerque a conocernos y preguntar sobre el proyecto. Finalmente, salimos al mediodía de la ciudad. Allí también conocimos a Dani Ku y Héctor, dos cicloviajeros españoles que estaban haciendo la misma ruta que nosotras.

Pedaleamos en esas horas de sol intenso, arrepentidas de haber salido tan tarde. ¡Podríamos haber ido al río! Pero bueno, así se aprende, llevábamos tan sólo 30 días de viaje.

Recuerdo que en la plena subida, encontramos la única sombra al costado de la carretera, así que paramos para hidratarnos y hasta dormimos un rato.

Seguimos el viaje, viendo cómo el valle quedaba detrás. Poco a poco subimos a la última arista donde nos despedimos del Ecuador conocido y nos adentramos en una nueva zona del país, la ceja de selva al sur del país.

Llegamos a Yangana al final de la tarde y pedimos posada en la iglesia. El padre africano Cristofer, nos recibió con gusto y tuvimos un espacio para darle mantenimiento a las bicis, una cocina para hacer el desayuno y un lugar donde descansar.

En la tarde conocimos a doña Estela que llamó nuestra atención con su gran olla tamalera. Ella iba de casa en casa ofreciendo unos increíbles tamales de pollo, que los recordamos varios meses después.

Miércoles, 29 de Marzo de 2017

  • Tramo: Yangana – Valladolid
  • Distancia: 43 kms.
  • Niveles: 1900 m s.n.m.- 2800 m s.n.m.- 1700 m s.n.m.
  • Horas de pedaleo: 4:40 Horas

Dejamos el pueblito para iniciar una intensa subida de 900 metros de desnivel, lo que nos hizo recordar la altitud nuestra querida ciudad, Quito.

Luego de subir y subir, casi todo el día, disfrutamos de una deliciosa bajada hasta la población de Valladolid, donde al pasar por un vivero, nos asombramos al ver un montón de hortalizas.

Paramos con intención de conocer ese lindo lugar y descubrimos que se trataba de un proyecto gestionado por la escuela, donde los niños aprenden a sembrar y cuidar de las plantitas. Compramos remolachas, zanahorias, lechuga y acelga para hacer una rica ensalada y acompañar la comida. El amable dueño del restaurante, nos presto su cocina.

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Un manantial de ensalada en medio camino.

En Valladolid encontramos un único hospedaje en una humilde casa antigua, donde descansamos bien para seguir el viaje al día siguiente.

Jueves, 30 de Marzo del 2017

  • Tramo: Valladolid – El Progreso
  • Distancia: 54 kms
  • Niveles: 1700 m s.n.m. – 1000 m s.n.m. – 1200 m s.n.m
  • Horas de pedaleada: 4:25 horas

Salimos de Valladolid, luego de un buen desayuno. La ruta siguió por varios kilómetros bajando alado del río Palanda, el mismo que pasa cerca de la población del mismo nombre que está a 1.100 m s.n.m.

A los pocos kilómetros de dicha población, la carretera de concreto dejó de existir y comenzó un camino de tierra que cuando estaba seco era bastante viable. Pero la cuestión se complicó cuando bajamos al Río Palanuma a 1000 ms. n. m.  para vivir una de las subidas más duras que habíamos experimentado.

La subida y el sol no nos dieron descanso. Mientras avanzábamos en un corto trecho de concreto, nos encontramos con Paolo, un motoviajero quiteño que se asombró de ver a mujeres pedaleando y de nuestro acento quiteño en medio de estos parajes tan recónditos y alejados. Nos brindó algo de agua y luego de una buena conversación, nos despedimos pensando que lo encontraríamos más adelante, ya que él seguiría la misma ruta que nosotras, aunque en moto y haciendo alrededor de 300 kilómetros​ al día. Así que nos quedamos en contacto y en los días siguientes, nos envió reportes detallados de lo que nos esperaba en el camino. Gracias Paolo!

encuentro paolo

Paolo y las Warmifonias.

Al medio día, con el sol muy intenso, paramos en la tienda de una señora muy amable que tenía un toldito alado de la carretera y un grifo de agua limpia. La Seño nos permitió sentarnos allí para prepararnos algo de comer y luego nos invitó un delicioso helado.

Imagínense un camino angosto, de tierra, lodo y piedras, en una pendiente muy pronunciada, con autos, buses y camiones pasando muy cerca de nosotras. Además de un sol intenso y la humedad de la zona.

1ra subida tierra

Subida de lodo y piedras.

En la siguiente parte, el camino se hizo más llevadero ya que nos mantuvimos a la misma altura por algunos kilómetros. Casi al final de la tarde, llegamos a un pueblo llamado El Progreso, donde la Guaytamba avistó una casa con plantas bien cuidadas, lo que fue una buena señal para acercarnos a pedir posada. Almorzamos en un pequeño comedor y alado una hermosa familia nos recibió y dió un espacio en una bodega. “Yo también fui forastero” nos dijo Don Baudilio. Armamos nuestras carpas y luego de comer guabas, darnos un buen baño en su humilde ducha y conversar con al gente de la zona, nos echamos a descansar con gusto, bajo un techo seguro.

2017-04-06 19.34.35

Subidas y más subidas.

Viernes, 31 de Marzo del 2017

  • Tramo: El Progreso – Zumba
  • Distancia: 15 kms
  • Niveles: 1250 m s.n.m – 800 m s.n.m. – 1250 m s.n.m.
  • Horas de pedaleada: 2:30 horas
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Una cálida familia en El Progreso

 

Desde El Progreso se podía ver bien abajo la próxima población, llamada Isimanchi. Salimos temprano, reconociendo que aunque serían pocos kilómetros hasta la última ciudad del país, este sería un trayecto bien exigente.

Bajamos por alrededor de 5 kilómetros, en un camino de tierra bastante estropeado, donde nuestras alforjas salieron volando un par de veces y las manos dolían de tanta tensión. Luego de cruzar el río por un puente bien rudimentario, volvimos a pasar por una intensa subida de lodo y piedras. Poco a poco, ya alejándonos del río, la cuesta continuó pero más suave. El camino fue muy bello aquí, bosques de árboles de café, casas y gente muy bonita y generosa en el camino.

bosque subida

Aire puro, lejos de la ciudad.

Al medio día llegamos al fin a la tan esperada ciudad de Zumba, última población grande de nuestro país por esta frontera. Al entrar pasamos por una gasolinera donde les dimos unos buenos mimos a las bicis que estaban llenas de lodo.

Nos acercamos al municipio de la ciudad donde el director del departamento de Cultura nos presentó a la hermana Victoria, quien nos recibió con mucho agrado en el edificio de la parroquia, dándonos una cuarto grande e iluminado con buenas camas y colchón para descansar. Esa habitación fue nuestra casa por 2 días más.

convento zumba.jpg

El convento en Zumba.

En Zumba aprovechamos para descansar, comer bien, arreglar las bicis, lavar nuestra ropa y el domingo 2 de abril, presentarnos en las mesas electorales, aunque no pudimos votar.

No sabemos exactamente cuando comenzó el camino de tierra pero calculamos que hasta allí fueron alrededor de 45 kilómetros de mal camino. Recordamos esos días como los más duros del viaje, y al hablar con otros cicloviajeros que también han pasado por allí, coinciden con nosotras, contándonos que ese trecho puede ser unos de los más duros de Sudamérica. A pesar de eso, recordamos ese trecho como uno de los más emblemáticos del viaje. Lograr cruzar tramos de esas características, siendo un gran desafío, nos deja llenas de energía y ganas de viajar más! Y en bici!

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