El valor de lo invisible

Por Daniela
Linces, Lima, Perú. 161 msnm.

31 de mayo de 2017. 9h30.

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Están en muchas de las casas, puede ser la tuya o la de tu familia, no alcanzamos a entenderlas a fondo, vienen de lejos. Algunas se quedan unos días, otras varios años o toda la vida. Nos permiten comer rico, estar limpios, trabajar en lo que queremos.
A los 7 años de vida, Sofía fue una de ellas. Eran cinco hermanos en la casa y no había recursos en Cajamarca. Era casi cómo jugar a las muñecas, aunque también tenía que lavar, cocinar y limpiar un poco.
A los 12, principalmente a causa del acoso sexual, decidió ir a Lima con uno de sus hermanos mayores. Muchas de las chicas de su edad habían ido, vendiendo varias cositas para juntar el dinero para el pasaje. Y según lo que se decía, les había ido bien.
Llegar a Lima fue la jungla y la situación no mejoró, fue durísimo. Pero no se podía quejar. En Cajamarca tenían que pensar que le fue bien, que en capital hay éxito y comodidad.

Con el tiempo, ella supo que había miles de mujeres en su situación.
En 1989, la vida la juntó con Blanca, una psicóloga especializada en trabajo doméstico. Idearon un proyecto con el fin de empoderar a trabajadoras domésticas.
Para comenzar, era importante que entiendan que su trabajo es valioso, que permite a otras personas tener más tiempo, que ellas son una pieza trascendental en la vida de cada familia. Entender que es un trabajo digno.

Desde adentro, valorarse es un proceso que toma tiempo, más aún si varias de ellas tienen que entrar por otra puerta, vestirse distinto, comer a una hora distinta y una comida diferente, recibir un saludo distante, entender otros modismos y otra cultura.

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Sofía y Blanca, después de mucho trabajo y demanda, decidieron tener un espacio físico en 1998. Mientras Blanca trabajaba en una ONG, con parte de su sueldo pagaba el arriendo.
Hoy por hoy Sofia dirige la Asociación Grupo de Trabajo Redes y su proyecto Casa de Panchita.

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Han publicado más de 30 revistas dirigidas a trabajadoras domésticas, tratando temas de leyes, comunicación efectiva, derechos sexuales, cocina, cómo cuidar niños, entre muchos otros.

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Capacitan a más de 1000 personas por año y los voluntarios organizan talleres como yoga, danzas peruanas, tejido o desarrollo personal que complementan su formación.

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Foto de Lucha, Eugenia, Charo, Sofia, Guaytamba y Dani

La Casa de Panchita es una agencia de colocación de domésticas, contacta a las candidatas para cada empleador, y facilita información para que ambas partes conozcan sus derechos y obligaciones. Esta agencia es un esfuerzo para contribuir económicamente a la Asociación Grupo de Trabajo Redes y hacerla sostenible en el tiempo.
El nombre nace de un cómic ilustrado sobre la migración de una chica, Panchita, desde el interior del país. Este se repartía a varias escuelas nocturnas en los primeros años de la Asociación.

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Los retos a futuro:

Tener un espacio físico propio para capacitar a más personas.
Personalmente, me impresiona como Sofia, teniendo una condición desaventajada, pudo identificar cómo ayudar a personas que están pasando por lo mismo, teniendo tanto éxito en los resultados. ¡Qué inspirador conocer a alguien con tanto empuje!

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