Gaby, mujer floreciendo en Saraguro.

por La Guaytamba

Tras 2 días de reposo médico en Nabón tomé 2 buses hacia Saraguro para encontrarme con Gene, Sofy y Paty que ya estaban allá.


El segundo bus lo tuve que esperar por más de 1 hora bajo la lluvia ya que el que había planificado abordar me dejó cuando vió que tenía 1 bicicleta y 5 maletas de equipaje.

Si hay algo que realmente incomoda al viajar en bici es tener que bajarse de ella.

Llegué a Saraguro más tarde de lo planificado y las chicas ya habían ido a visitar a María Gabriela, mujer que días antes se enteró del proyecto y nos invitó a conocer el suyo.

Mojada y decepcionada, pensé que ya no tendría la oportunidad de conocerla.

Al día siguiente tras encontrarme con ellas me contaron de su experiencia y de la decisión de seguir pedaleando hacia Loja ese mismo día.

Por esas corazonadas que se vuelven más intensas durante un viaje, decidí quedarme. Sentí que Saraguro era un lugar que me había esperado y  casualmente al día siguiente era 21 de Marzo, día en que la cultura indígena celebra el Pawkar Raymi, en kichwa, ‘fiesta del florecimiento’.

El camino siempre te da lo que necesitas” me había dicho días antes Antoni, gran amigo y cicloviajero valenciano, tras contarle de mi encuentro casual con unas cariñosas abuelas en Nabón.

Decidí quedarme para conocer a ésta mujer y para asistir a la celebración ancestral que el viaje estaba poniendo en mi camino.

Luego de 2 días de reposo y 2 buses de maltrato a ‘Tereque’ mi bicicleta, nos fuimos juntas hacía Las Lagunas, comunidad a las afueras de Saraguro donde vive Gaby y su proyecto.

Tengo un talento nato para olvidar direcciones, nombres y números por lo que he aprendido a preguntar y confiar en los lugareños. Con el tiempo he corroborado que son los mejores consejeros para encontrar direcciones (y lugares​ con buena comida).

Rodeada de verdes montañas, riachuelos y árboles de eucalipto me fui siguiendo las indicaciones de cada persona que se cruzaba por mi camino.

Bastaba con mencionar ‘la escuelita de María Gabriela’ para que me dieran indicaciones precisas. Enseguida noté que la mujer a quien iba a encontrar era una persona muy querida en el lugar.

Por las intensas lluvias de esos días tuve que empujar a Tereque por un lodazal que se estaba agrietando con el sol del medio dia asi que decidí descalzarme para no mojar mis zapatos.

Y ahí aparece ella, con su gran sombrero y una sonrisa que se podían ver desde lejos:

-You’re here! Welcome!

Mi desconcierto fue inmediato.

¿No era Gaby una mujer de Saraguro que días antes me había escrito utilizando algunas palabras en kichwa?

La acompañaba Patri, una joven profesora de España que acababa de llegar esa madrugada.  Dos pequeños salieron tras ellas.
Era el día en que se hablaba inglés en la escuela, sin excepción, y al día siguiente sería el día de hablar lengua kichwa.

Así, con los pies descalzos, manchados de barro y pisando la hierba mojada fue mi encuentro con Gaby,  mujer que junto a su compañero de vida José María llevan adelante el centro educativo Yachay Kawsay.

No hubo tiempo para presentaciones ni teorías, inmediatamente estábamos en clase formando un circulo y bailando con los niños.

A Gaby se le caían los aretes al saltar y moverse como una niña más, riéndose los buscaba y se los volvía a colocar. Se trataba de 2 flores que había recogido esa mañana del jardín.
Su energía me recuerda a la de una niña curiosa y traviesa. El brillo en sus ojos y su sonrisa reflejan un alma realizada,

un equilibrio interno que parecen haber encontrado todas las mujeres que la habitan:  la niña, la mujer, la hija, la madre y la abuela.

Patri es una mujer muy dulce. Parece que hubiese llegado hace meses, se la siente muy cómoda junto a Gaby y ya congenia muy bien con los niños.

Conversamos a solas y le pregunto sobre su llegada al proyecto. Me cuenta con mucha emoción y admiración que ha llegado aquí por ‘el documental’.

-¿Cuál documental? – le pregunto.

-¿No lo conoces? – me responde incrédula – ¡La Educación Prohibida!

¡Es cierto, no lo puedo creer! Fue un documental que me marcó mucho en su momento. Hago memoria y recuerdo aquella parte donde aparece una mujer con un gran sombrero, característico de las mujeres de Saraguro, ¡es Gaby!

Olor a humo y una cocina de leña antigua antecedieron un almuerzo​ simple y delicioso preparado por Rosita, señora que ayuda a Gaby cuando recibe voluntarios, quien nos acompaña en la mesa. Sopa de papas, verduras y un plato de mote en el centro. Todo servido en hermosos platos de barro.

Debemos elegir una cuchara de madera para comer, cada una lleva tallada una palabra, ese día me eligió el mallki, en kichwa retoño.

-“Yo no abrí tu facebook cuando postulaste a voluntaria” – le dice Gaby a Patri.

-“Me gusta recibir a la gente y conocerla recién cuando llega. Es bueno darle la oportunidad al otro de ser, sin prejuicios previos.”

Le preguntamos si no le asusta que llegue algún desconocido con malas intenciones.

-“La gente mala no llega hasta acá. No le interesa lo que hago ni lo que tengo. Es lo bueno de llevar una vida simple y de que mis proyectos sean sin fines de lucro.”

Regresando a la escuela para pernoctar y esperar la hora de celebrar el Pawkar Raymi pasamos por la casa comunal. Se trata de una construcción tradicional de barro obra de una minga en la que Gaby, logró convencer en el mismo momento en que se empezaba la construcción, de que se levantara en material tradicional​ y no con concreto, como proponían las autoridades con presunciones ‘modernizadoras’.

Al lado, una construcción cubierta de ilustraciones en sus muros llama notablemente mi atención por el estilo ‘naive‘ de sus dibujos.

Es la historia de Saraguro.

“La dibujamos en una minga pero tuvimos que editar la cara del opresor, pues era muy parecido a la cara del párroco de turno”- cuenta Gaby entre risas.

Armamos nuestras carpas en el salón de clases de la escuela.

A las 4 am Gaby nos despierta para ir al patio, ella y José María precidirán la ceremonia.

En círculo y tapados hasta la nariz por el frío, compartimos un agradecimiento y se bendicen los instrumentos del ritual que seguirá a continuación junto a un cuenco de chicha.

Escucho asombrada la hermosa lengua ancestral, puedo distinguir algunas palabras pero me siento como una extranjera en mi propio país. Es una lástima que no nos hayan dado la oportunidad de aprender está lengua en la escuela, incluso antes de inculcarnos lenguas extranjeras.

Yupaychani, es una de las palabras que más se repiten. Una vez terminada la ceremonia le pregunto a Gaby sobre su significado.

– “Cuenta el valor de lo que me das o de lo que haces”- me explica. – “Es una forma de reconocer el valor de lo que hace o da otra persona.”

Terminada la ceremonia se pasa a un baño ritual: agua caliente, agua helada, una limpia con trago y finalmente humo.

Muchos intentan​ fotografiar éste momento pero José María los mira muy serio:

-¡Esto no! – les dice.

Nos recuerda que la lente de nuestras cámaras tiene un límite. Éste es un espacio sagrado para muchos y merece respeto.

Volvemos a la escuela y celebramos el ritual, un baño de flores y una pampamesa con los padres y abuelos que han venido a celebrar este día especial con los niños.

Con la mesa llena de alimentos que cada uno ha llevado para compartir, Gaby improvisa y saca una vajilla de juguete de la escuela, como si estuviésemos jugando. Entre risas elegimos nuestros cubiertos, tazas y platos.

A su lado todo parece tratarse de un juego entre niños. Me deja pensando que tal vez andamos por la vida muy complicados, tomándonosla demasiado en serio.

El abuelo de una alumna agradece en este día por ver que su nieta está acercándose a su cultura gracias al proyecto. Él no habla kichwa y hace poco perdió a su padre, sin haber sabido hasta el día de su muerte que éste había sido un yachak.

Me conmueve profundamente escucharlo, entender el valor cultural que tiene el proyecto de Gaby y José María. Ellos han comprometido su vida a una convicción, lo que hacen a diario es un acto de amor hacia su cultura y su comunidad.

Yupaychani por las mujeres y hombres, que sueñan y emprenden proyectos semilleros de seres humanos conscientes.

Yupaychani al camino, que nos guía hacia éstos encuentros mágicos que estamos aprendiendo a sentir.

¡Yupaychani Gaby y José María!

***
Minga o Minka: Tradición indígena de trabajo colectivo voluntario con fines de utilidad social, generalmente con una comida comunitaria al finalizar la tarea.
Pampamesa: Comida compartida después de una celebración o minga en la que cada invitado lleva lo que pueda ofrecer.
Yachak: Autoridad moral y sabio en la cultura indígena que ha traspasado una larga y difícil iniciación. Es a la vez guía espiritual, eje social y curandero de la comunidad.

***

Para conocer más sobre Gaby, José María y su proyecto :

-Facebook de Yachay Kawsay

-Documental La Educación Prohibida

-Documental La voz de los sin voz

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