El mejor estímulo para aprender es el amor

Lugar-fecha- hora: Quito, 17 de septiembre del 2016, 10:30

Dirección: Barrio la Dolorosa Pérez, 3100 metros de altura

Era persistente, audaz, atrevida, como la mayoría de las ideas que pasan por la cabeza de una adolescente. Esta era una que se hacía más intensa cada vez que uno de sus dedos tocaba las teclas del piano. Andrea, a sus 14 años, con una mochila de sueños encima, una prima y muchas ganas de compartir lo que sabe, les cuenta a los fundadores de su colegio que quiere enseñar música en un extracurricular.

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Ella y su prima, estudiantes del conservatorio, casi a modo de juego, querían enseñar toda la teoría y las maravillas de la música clásica que aprendían.  Poco después, en las clases con los niños se dieron cuenta que había que reemplazar el solfeo y el pentagrama por un poco de “los pollitos dicen”.

 

Así nace lo que hoy es el Programa de Educación del Talento Musical de Inepe, que actualmente tiene 143 alumnos, más 40 del coro, con la Andre como coordinadora del proyecto por varios años.

Descubrimiento: Los niños japoneses, hablan japonés.

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Nuestras bicis esperan en el patio.

Nosotras, estas ciclistas, hablamos español desde cuando éramos niñas.

Mi tío JP, dijo su primera frase en su segundo cumpleaños. Fue: A mí no me han dado pastel.

Y el español tiene sintaxis, semántica, gramática y estructura. Conjugaciones de verbos, correspondencia artículo-adjetivo-género. Verbos reflexivos y el pluscuamperfecto, que todas nos acordamos de cómo se llama el tiempo, pero no lo que realmente significa. No nos queremos imaginar la complejidad del japonés.

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Sin embargo, con solo uno o dos añitos, los niños en Ecuador hablan español y los niños en Japón hablan japonés.

Respuesta: Entorno.

Suzuki, japonés, tuvo toda una revelación junto con esta respuesta. Al investigar un poco más, también se dio cuenta de respuestas paralelas.

Aprendemos por entorno, sí. Pero también influye mucho el amor, la admiración, el juego. Aprendemos porque admiramos a nuestros padres y son nuestra primera referencia. Jugamos a ser ellos. Y sabemos que nos aman. Los amamos también.

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Es por esto que en las clases de música del INEPE, cada profesora tiene dos alumnas. Una persona adulta, del entorno familiar cercano, y la niña o el niño. Cada clase es un juego de imitación a través de los sentidos. Y los resultados nos dejan siempre con la boca abierta. Sobretodo porque el resultado tiene una finalidad más sublime: formar seres humanos.

 

En Warmifonías, tuvimos la hermosa oportunidad de asistir a una reunión convocada desde el programa a los padres de familia para darles a conocer la metodología y coordinar el nuevo ciclo de clases.

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Andrea pidió a los padres y madres antiguos que recuerden el método y cuál es su papel en el proceso:

  • Los Padres aprenden primero.
  • Rodear al niño de conciertos.
  • Ver a otros niños cantar.
  • Dedicar tiempo.
  • Acompañar a las clases.
  • Jugar durante la clase

 

 

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“Yo me desesperaba por saber a qué hora mi hijo ya tocaba un tema y después nos dimos cuenta que en todo el proceso ya estábamos aprendiendo. En la primera presentación yo me moría de los nervios. En el concierto había otros chicos adolescentes que decían: ¡qué nervios!¡qué nervios! Mi hijo cuando escuchó eso me pregunto: Mami, ¿qué son los nervios? Él no los conoce. Él no tiene ningún problema en desarrollarse en cualquier otro ámbito. Mi hija Isabella desde el vientre ya tenía un entorno… en cambio con Josué nos tocó desarrollar el entorno”

Inepe

Instituto de Investigación, educación y promoción popular del Ecuador.

En los años 80, una época políticamente difícil en Ecuador, los padres de la Andre pertenecían al grupo “Juventud Unida” dedicados a la alfabetización y educación popular en barrios rurales de Quito y comunidades indígenas. Mientras algunas personas se oponían al regimen político con las armas y las protestas, otros decidieron hacerlo a través de la educación, como herramienta de transformación.

Una vecina del barrio La Dolorosa, los llamó para que visiten la zona. Al poco tiempo, comenzaron a alfabetizar en la planta de agua potable del barrio. Algunos vecinos venían con sus hijos porque no tenían dónde dejarlos y de ahí nace la idea de hacer una escuela.

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Así se ve parte del sur de Quito desde una de las aulas de música del Inepe.

Pero no una escuela común. Era una escuela para construir sueños. Un tipo de educación liberadora, que toma en cuenta el contexto de los niños, su realidad, sus vivencias, sus intereses para hacer talleres en función de eso.  Una buena educación y buena infraestructura para el sector popular.

Una de las impulsoras y visionarias de la escuela es la mamá de la Andre. Comenzó a dar clases a los 17 años y tiene la convicción de que con la educación y formación las comunidades pueden mejorar su calidad de vida.

Hoy por hoy INEPE, es una organización comunitaria con varias aristas, con coordinaciones en redes (no piramidal). Por eso desde el alumno, hasta el jardinero, desde la profesora a la madre de familia, todos se dicen “compañeros”. Ha sido construida con mucho trabajo, muchas donaciones, mano de obra de los vecinos, de los padres de familia.

Otra arista del instituto, es el espacio de formación docente en esta pedagogía distinta. Es un espacio que se necesitaba mucho al momento de comenzar con las alfabetizaciones, pues el equipo de voluntarios no era suficiente y al mismo tiempo muchachas de colegio que vivían en la comunidad querían aportar con el proceso. Este espacio de formación trabaja temas de interdisciplinareidad, cómo los profesores aprenden y vivencian primero para poder aplicarlo con los chicos.

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Trabajar en el INEPE es una opción de vida. Demanda mucho como seres humanos pero regala la satisfacción de ser un agente creador.

Andre se educó en el Inepe y fue parte de la primera promoción. Actualmente el instituto tiene 600 estudiantes. En 2013, recibió la mención honorífica en la categoría Mejor Centro en los Premios ALAS – BID.

El Carlitos

Cuando subíamos la cuesta eterna de Chilibulo, 300 metros de desnivel dentro de nuestra misma ciudad, pensábamos en el Carlos. Alguien a quien las tres le tenemos mucho cariño. Nuestras 3 bicis fueron concebidas en sus manos. Queríamos visitarle y contarle de nuestros planes. Hacerle parte del proyecto y que viaje con nosotras, aunque sea a través de sus tres creaciones rodando por latinoamérica.

Entramos a la reunión de padres de familia y tomamos 3 puestos. Andre comenzó su exposición y hubieron varios padres que llegaron un poco después. En pocos minutos, entró el Carlitos, con su esposa Moni y sus guaguas. Iba a iniciar el proceso en el proyecto de talento musical del INEPE.

 

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Parte de las profes de música del INEPE.

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Sofy compartiendo la comida con los guaguas.

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Las clases. Llenas de magia.

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Los recursos para oir música de referencia están al alcance de la mano de los padres.

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En el patio, los compas consultan detalles de las clases.

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Andre cantando en inglés durante la reunión de padres.

 

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